El impresionismo. Qué es, sus orígenes y características

por | 16/01/2021

La historia del movimiento impresionista se compone de una sucesión de encuentros entre diferentes artistas en busca de su independencia artística en la segunda mitad del siglo XIX. El impresionismo surge cuando varios artistas quieren no seguir los lineamientos de las academias de bellas artes.
Si contamos a los principales artistas impresionistas que participaron en este movimiento como Claude Monet, Édouard Manet, Alfred Sisley, Pierre-Auguste Renoir, Paul Cézanne, Camille Pissarro y Vincent Van Gogh, una cosa en común los unía: buscaban parten de los estrictos códigos marcados por la Real Academia de Pintura y Escultura de la época. Esto es lo que les decidirá a trabajar en talleres privados para que puedan pintar libremente a su manera. El espíritu del impresionismo se resume en cierto modo en una frase de Manet: “Pinto lo que veo y no lo que a los demás les gusta ver”.

En la década de 1850, Monet y Manet también se inspiraron en los grabados japoneses, en particular Hokusaï e Hiroshige. Los dos pintores se verán influenciados por este arte del Lejano Oriente y Monet terminará poseyendo una colección de 250 grabados que ahora se exhiben en la Fundación Monet. El impresionismo es un movimiento que consiste en una nueva representación de la realidad y que inicia un punto de inflexión en el arte de la época.

Posteriormente, cuando el grupo de amigos -formado por Monet, Manet y Renoir en particular- decidió reunirse en Argenteuil -que sería considerado el centro del movimiento impresionista– en la década de 1870, el movimiento en sí fue ya nacido.

Características del impresionismo

Aunque el movimiento impresionista nació en Francia a partir de la mitad del siglo XIX, estuvo influenciado por el Romanticismo alemán y tomó ciertas nociones del estilo de los paisajistas ingleses.

Por ejemplo, de pintores como John Constable (1776-1837) y Joseph Turner (1775-1851) los impresionistas tomaron el gusto por el difumado y por los colores intensos tales como rojo y amarillo.

También fueron importantes los aportes de Édouard Manet (1832-1883) —amigo y tutor de varios pintores impresionistas— quien fue uno de los primeros pintores en interesarse por los efectos de la luz en la percepción de las figuras y colores.

Además, este pintor también comenzó a desprenderse del uso de la línea y comenzó a emplear pinceladas más gruesas. Así se aprecia en su pintura Almuerzo sobre la hierba (1863).

Teniendo estos aspectos en cuenta, se pueden establecer las siguientes características en la pintura:

  • Interés por los paisajes y las situaciones cotidianas

Los impresionistas enfocaron los temas de sus pinturas hacia los elementos naturales y las situaciones diarias. Estos pintores solían pintar al aire libre y les gustaba retratar lagos, caminos, praderas y bosques; esto se puede apreciar en las obras de Claude Monet.

También desarrollaron un interés por las situaciones cotidianas de los seres humanos; solían retratar niños sonrientes, damas jugando en el bosque o personas comiendo y festejando. Esto se puede apreciar en las pinturas de Auguste Renoir (1841-1919).

  • Colores vivos y puros

Los impresionistas experimentaron notablemente con los colores; jugaban con la técnica del claroscuro y usaron distintas tonalidades para causar diferentes sensaciones visuales.

Además, en el siglo XIX se crearon nuevos pigmentos (es decir, nuevos materiales con los que se elabora la pintura), lo que permitió que los impresionistas usaran colores más puros e intensos. A su vez, esto les sirvió como soporte para experimentar con la iluminación de las figuras.

  • Pincelada gruesa y corta

Algunos consideran que el impresionismo utilizaba manchas para desarrollar sus pinturas. En realidad, se trataba de un tipo de pincelada (nombrada posteriormente como pincelada gestáltica) que se caracterizaba por ser gruesa y breve.

Estas pinceladas estaban compuestas por colores puros y —cuando se juntaban con otras pinceladas de distinto color— a la distancia no solo le otorgaban luminosidad a la pintura, sino también movimiento.

Es decir, las pinceladas impresionistas por sí solas no significaban nada, pero al juntarlas formaban una totalidad que resultaba luminosa y vibrante ante los ojos del espectador.

Obras impresionistas

Otros ejemplos de impresionismo en pintura:  Olimpia, Edouard Manet, 1863, Vincent Van Gogh, Autorretrato con paleta, 1889, Claude Monet, El estanque de nenúfares, Armonía verde, 1899

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